Opinión
Por Redacción , 2 de diciembre de 2022 | 09:37

Columna de opinión: Toros a la carga

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Provincial Osorno regresa al fútbol profesional, ahora ha trabajar para mantener la categoría. Crédito: Provincial Osorno.
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Muy difícil es el camino para arrimarse a las principales categorías del fútbol chileno. Y si complicado es llegar, muchas veces más duro es mantenerse.

Eso lo saben muy bien los clubes de la zona sur, prácticamente desde el mismo Gran Concepción hasta Puerto Montt, donde, casi todos, unos más otros menos, han debido conocer la alegría de escalar peldaños mezclada con la desilusión de los descensos.

Ahora ha dado un importante salto el Club Deportivo Deportes Provincial Osorno, recientemente consagrado vicecampeón de la Tercera División A, solo superado por Deportes Linares, lo que le implica el derecho a competir desde la próxima temporada en la Segunda División. 

Esto no representa solamente una satisfacción deportiva, porque va ligado a la llegada al profesionalismo. Se abandonan los terrenos de la Anfa para llegar a las canchas de la Anfp.

Son nuevos compromisos, diferentes competidores, desafíos financieros mayores y la responsabilidad de dejar bien puesto el nombre de la provincia lechera en un certamen que, aunque con relativa fuerza, ya comienza a interesar a los aficionados de buena parte del país.

Entre esos diferentes competidores, los Toros del Rahue se van a encontrar con un viejo conocido, para revivir el que debe ser una de los más antiguos clásicos del fútbol chileno, porque el Osorno-Valdivia o Valdivia-Osorno se juega desde los tiempos de los calamorros con caña alta, estoperoles de cuero, pelota a poto pelado y cables colgando, con bladder amarrado en el pituto y más encima cerrada con un grueso e inclemente correón, igualmente de cuero.

Nada que ver con las esferas perfectas, bien pintadas y de peso exactamente recomendado por el International Board, el todopoderoso organismo dominado por los británicos y que se encarga de dictar todas las leyes relacionadas con el juego. Es el mismo que ruge en el presente Mundial de Catar con sus inventos derivados del VAR y otras normas.

Los viejos estandartes osorninos y valdivianos, aparte de no usar gomina, se atrevían a cabecear esos proyectiles llenos de barro y con mucho sobrepeso casi sin reclamar. El que quedaba nocaut con un pelotazo se sobaba como podía, recuperaba el conocimiento y a seguir jugando o tomaba camino al hospital más cercano.

La Segunda División, que en realidad es la tercera categoría del peloteo chilensis, debe ser la división más exigente de todo el escalafón nacional. Solo premia al campeón con un ascenso a Primera B, que ahora tiene un nombre más comercial. 

Y como si eso fuese poco, el próximo año habrá más equipos con ganas y medios para dar el salto. Por ejemplo, estarán como novedades Fernández Vial, que también revivirá su derby con Deportes Concepción; y Melipilla, que en dos años rodó de Primera División a la Segunda, que, como ya dijimos, en realidad es la Tercera.

Tal como ocurrió con su vecino de más al norte, Provincial Osorno recorrió un largo sendero para recuperar el tiempo que se perdió tras la desaparición de su antecesor, que, sin embargo, alcanzó a conocer la gloria de jugar en Primera. 

¡Cómo no recordar el saqueo que sufrió la escuadra rahuina en la Copa Sudamericana de 2003, cuando al árbitro Patricio Polic solo le faltó patear un penal en favor de la Católica, porque hizo todo lo demás para despojar al equipo sureño! 

Si Polic quería entrar en la historia del fútbol chileno, lo logró plenamente, porque todavía sale a colación el más escandaloso cometido que se ha visto desde que los ingleses inventaron el fútbol.

Ahora hay un movimiento al interior de la comunidad osornina y especialmente entre los seguidores de Los Toros, por conseguir arreglos en el estadio Rubén Marcos ¡qué jugadorazo que era el Siete Pulmones!

Sinceramente, se ve difícil que lo consigan, porque en estos tiempos de severas dificultades económicas los encargados de la billetera fiscal priorizan otras necesidades. Si no lo creen, fíjense en los que ocurre con Valdivia, que lleva demasiados años durmiendo el sueño de los justos, a la espera de un recinto digno, que reemplace al maltratado y oxidado Parque Municipal.

Como los modernos estadios construidos o remodelados en la década anterior fueron obra estatal, bajo el apelativo de Bicentenario, debería esperarse que las ciudades que quedaron postergadas en esa ocasión tengan una justa compensación, pero como las decisiones se toman en Santiago, oh, qué novedad, lo más seguro es que digan que ahora no hay lucas ni para un tacataca. 

Siguiendo con el recinto osornino, nos trae buenos recuerdos porque nos encantaba ver fútbol ahí, con las tribunas casi encima de la cancha, y porque nos permitía imaginar que estábamos en un estadio británico, sin pista atlética, lo que facilitaba reconocer a los jugadores y hasta escuchar lo que se decían los jugadores después de recibir un gol.

Los hinchas lo nombraban Parque Schott, hasta que se hizo justicia con el mejor futbolista que la provincia ha entregado al balompié criollo.

Llegó la hora del retorno a las competiciones profesionales para Los Toros del Rahue. Ahora, a cornear a todos los rivales para que en este ruedo se facilite el camino hacia instancias superiores.

Por Víctor Pineda R.

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